Saltar al contenido

Desarrollo web

Señales de que el sitio quedó chico

En una empresa de dispositivos médicos, el sitio deja de alcanzar mucho antes de que alguien diga «necesitamos una web nueva». Se nota en el catálogo, en los documentos y en quién puede publicar.

Auditoría digitalArquitectura de contenidosDesarrollo de sitios web

4 minutos de lectura

Entra al portfolio una placa nueva para húmero distal y alguien de marketing tiene que cargarla en el sitio. El menú tiene «Trauma», «Columna» y «Artroscopía», y adentro de «Trauma» hay una lista de familias armada hace años. La placa no encaja en ninguna, así que se crea una categoría nueva con un solo producto. Es la cuarta vez que pasa en el año.

Las señales de que un sitio quedó chico aparecen en tareas así, mucho antes de que alguien pida un rediseño.

En el catálogo

Cada producto nuevo pide una categoría nueva. Cuando la clasificación es un árbol de categorías anidadas, cada referencia que no encaja abre una rama más. Al tiempo el menú tiene ramas con un producto y productos que aparecen en dos lugares con datos distintos, porque alguien los cargó dos veces.

El catálogo se recorre de una sola manera. Un cirujano busca por región anatómica o por procedimiento, alguien de compras pega un código, un distribuidor busca por marca. Si el sitio solo ofrece el árbol de familias, sirve a quien ya conoce el nombre del producto. Y si el buscador no encuentra un código que figura en el rótulo, el catálogo está sostenido por la memoria de quien lo cargó.

El PDF hace de ficha. La página del producto tiene un nombre, una foto y un botón de descarga. Lo demás (medidas, materiales, códigos, indicaciones) está dentro del catálogo en PDF. Para el visitante es un documento cerrado, sin el resto de la línea al lado; para Google es el único lugar donde está el texto, y por eso suele mostrar el archivo en vez de la página (lo medimos en Cuando las fichas de producto empiezan a recibir los clics de Google).

La página de implantes e instrumental de SAI: el catálogo abierto por áreas, de terapias biológicas a artroplastia, con un acceso al catálogo completo.

En los documentos

Circulan varias versiones del mismo archivo. El catálogo de una línea está en el sitio, en la computadora de cada comercial y adjunto a mails de hace dos años, y no siempre es el mismo. Cuando un cliente pide la técnica quirúrgica, alguien busca cuál es la última y la manda por WhatsApp, porque en el sitio no está o no se sabe si está actualizada.

La documentación es una lista de descargas. Los archivos aparecen en el orden en que se subieron, sin relación con los productos que describen. Para encontrar el instructivo de un sistema hay que saber cómo se llama el PDF.

El sitio en otro idioma termina antes que el catálogo. La versión en inglés tiene la página institucional y la de contacto, pero las fichas siguen en español, o cada país recibe sus propios PDFs por mail. En una empresa que exporta, eso deja afuera a la parte del catálogo que más viaja.

En el equipo

Para publicar hay que pedirle a alguien. Cargar un producto, cambiar un documento o sumar un curso requiere un pedido al proveedor o al programador, con su demora. El día que hay que lanzar un sistema nuevo, la ficha espera en una cola de tareas ajena.

Nadie sabe bien qué hay. Hay PDFs subidos a mano en carpetas del servidor, páginas que no figuran en ningún menú y direcciones viejas que siguen recibiendo visitas. Antes de cambiar algo, nadie puede decir con seguridad qué se rompe.

Las áreas de interés del sitio de SAI: cada tarjeta lleva a los productos de una especialidad dentro del mismo catálogo.

Lo que no es una señal por sí solo

Un sitio lento no siempre quedó chico. A veces la lentitud viene de una consulta del catálogo mal resuelta, de una regla vieja que nadie revisó o de la caché del servidor, y se arregla sin tocar la estructura. Lo mismo con un diseño que envejeció: un sitio con buena estructura y una estética de hace años necesita otra cosa que un sitio prolijo con el catálogo en PDF.

Para distinguir los casos sirve una auditoría por tipo de página: la portada, una categoría, una ficha, la biblioteca, un curso, el contacto, cada una en los dos idiomas si los hay. En un sitio con catálogo, las páginas se comportan según su plantilla, y una muestra bien elegida cubre el sitio entero. La auditoría dice si el problema está en la estructura, en la plataforma o en el rendimiento, y cada uno pide un trabajo distinto.

Cómo se vio en un caso

En SAI, fabricante y distribuidor ortopédico argentino, el pedido llegó como «renovar el sitio». Abrimos el catálogo antes que cualquier maqueta. Un cirujano que buscaba «clavo retrógrado de tibia» llegaba a un PDF, sin el resto de la línea al lado ni el instructivo; para saber un código o comparar dos medidas, llamaba. Y del otro lado, alguien del equipo comercial buscaba el archivo correcto entre cuatro versiones y lo mandaba por mail.

El trabajo empezó por esas escenas, antes de pensar en cómo se iba a ver el sitio: describían un portfolio que había crecido más rápido que la estructura que lo sostenía.

Seguir leyendo

Si alguna nota describe lo que pasa en la empresa, hablemos.