Un distribuidor del interior tiene guardado en la computadora, desde hace años, el enlace al PDF de una técnica quirúrgica. Cada tanto lo copia y se lo manda a un instrumentador por WhatsApp. Ese enlace no figura en ningún menú, no aparece en el listado de páginas del administrador y nadie del equipo de marketing sabe que existe. Pero recibe visitas todas las semanas, y si una auditoría mueve esa carpeta, el próximo mensaje lleva a un error.
Lo que circula afuera también es parte del sitio
La web de un fabricante tiene direcciones que viven fuera de ella: catálogos que los distribuidores descargaron, códigos QR impresos en rótulos, enlaces en presentaciones de congresos, PDFs adjuntos a una licitación. Un rastreo recorre lo que está enlazado desde adentro del sitio, y estas direcciones quedan fuera de su alcance.
Para encontrarlas hay que cruzar fuentes. Search Console muestra qué direcciones recibe Google, aunque nadie las enlace. El registro de redirecciones guarda las rutas del sitio anterior. Y las carpetas del servidor contienen los archivos que alguien subió a mano, por fuera de WordPress, que el gestor de contenidos no lista: técnicas quirúrgicas, instructivos o catálogos de línea con años de circulación. Antes de tocar una ruta, conviene saber qué entrega hoy y quién llega a ella.
El administrador ve otra versión del sitio
En casi cualquier hosting con caché, quien entra con sesión de administrador recibe las páginas generadas en el momento, sin la caché que ven los visitantes. Un error de caché queda invisible desde el panel. Una búsqueda puede andar lenta en el editor y rápida en público, o al revés. En un sitio bilingüe aparece otra diferencia: la sesión puede cambiar el idioma de los resultados.
Por eso cada prueba se hace sin sesión, en un navegador donde nadie de la empresa haya entrado, en el celular y en la computadora, en español y en el otro idioma. En un catálogo médico, la prueba usa un código real, un nombre comercial y una región anatómica, combina filtros y abre el documento de una ficha. Una captura del panel muestra cómo está configurado algo. Abrir el PDF desde un navegador anónimo muestra lo que recibe el médico.
Lo que encontramos en un sitio recién lanzado
En SAI la auditoría técnica se hizo en agosto de 2026, con el sitio nuevo ya publicado, recibiendo tráfico y sin ventana de mantenimiento. Todo se verificó sin sesión: las dos capas de caché del hosting no se aplicaban a quien estaba logueado.
El rastreo encontró referencias a tres orígenes ajenos que seguían vivos: el WordPress del sitio anterior, todavía instalado en una carpeta; un servidor de pruebas en otro hosting; y el dominio anterior de la empresa. Las imágenes que venían de ahí cargaban mientras esos servidores respondieran. Treinta y seis, las del servidor de pruebas, ya estaban rotas y a la vista de cualquier visitante.
- Orígenes ajenos con referencias vivas30
- Referencias
http://al propio dominio1.065en 302 páginas0 - Redirecciones que terminaban en error60
Al cortar esas dependencias, las 712 URLs del rastreo respondieron sin error. Las 511 redirecciones del sitio anterior se siguieron una por una hasta su destino final, y ninguna quedó rota al cierre de la revisión. Ahí apareció algo que un listado no mostraba: había dos sistemas de redirección activos al mismo tiempo, y para algunas direcciones cada uno mandaba a un destino distinto.
Las cifras van por separado porque son problemas distintos. Las referencias http:// estaban dentro de páginas publicadas; las redirecciones protegían a quienes llegaban desde afuera con una dirección vieja. Sumadas en un solo número de «errores corregidos», no se sabría dónde estaba cada uno.
Un cambio por vez, con vuelta atrás
Una auditoría de un sitio en uso devuelve decenas de hallazgos de peso muy distinto. Ordenarlos en tres niveles ayuda: lo que impide que alguien llegue a un producto o a un documento, lo que funciona mal pero funciona, y lo que puede esperar. Una ruta rota a un instructivo va antes que el espaciado de una tarjeta.
Cada corrección se aplica sola, en un lote chico, con una forma conocida de deshacerla. Para cada una se anota qué URLs toca y cómo se va a comprobar que quedó bien. Si dos documentos usan nombres distintos para el mismo producto, la discrepancia se registra y la decide el área que corresponde antes de cambiar la ficha.
Cada lote se cierra con la misma prueba desde afuera: una ficha de implante, su técnica quirúrgica y un enlace guardado antes de la migración, abiertos sin sesión. Si alguno de los tres falla, el lote vuelve atrás.
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