Entrada
Definimos qué información inicia el flujo: una ficha, una plantilla, un formulario interno, un documento o un conjunto de campos aprobados.
Creatividad · Estrategia · Desarrollo · Impacto
Servicios Contenidos Flujos de contenido con IA
Diseñamos circuitos donde fuentes, contexto, asistencia con IA, revisión y publicación puedan trabajar de manera repetible sin perder el punto en el que una persona tiene que decidir.
El objetivo es reducir tareas manuales y reconstrucciones de contexto, manteniendo visibles las fuentes, los estados y las aprobaciones que cada pieza necesita.
Alguien abre una carpeta. Busca la última ficha. Copia un párrafo de una presentación. Pregunta si el nombre comercial cambió. Envía un borrador por mail. Recibe una corrección en otro archivo y termina publicando después de reconstruir qué versión había sido aprobada.
La IA puede acelerar una parte de ese recorrido, pero si entra sobre un proceso confuso también acelera la confusión.
El flujo se diseña primero: qué entra, qué puede generar el sistema, qué necesita detenerse y dónde queda visible la aprobación.
Cada pieza nueva puede empezar con contexto.
Definimos qué información inicia el flujo: una ficha, una plantilla, un formulario interno, un documento o un conjunto de campos aprobados.
La IA recibe fuentes, terminología y reglas preparadas para esa tarea.
No se usa un prompt aislado como sustituto de la estructura.
El sistema puede preparar borradores, variantes, traducciones iniciales, resúmenes o adaptaciones de formato según el caso.
El alcance se define tarea por tarea.
Se verifican campos obligatorios, fuentes disponibles y condiciones que deben cumplirse antes de avanzar.
Cuando falta información, el flujo tiene que marcarlo en lugar de completar el vacío silenciosamente.
La aprobación se ubica en un punto visible del proceso y se asigna a la persona o área correspondiente.
Cuando el sistema lo permite, se registra qué se publicó, desde qué fuente y con qué aprobación para facilitar cambios posteriores.
Cómo se diseña
Seguimos cómo se produce hoy una pieza de punta a punta y dónde aparecen esperas, copias, reenvíos o decisiones repetidas.
Distinguimos tareas mecánicas, decisiones editoriales y validaciones que necesitan una persona.
No todo lo repetitivo merece IA y no toda decisión humana necesita quedar manual.
Construimos un recorrido acotado y lo probamos con material real.
Se documentan errores, excepciones y condiciones de detención.
El flujo queda con responsables, estados y una forma de actualizar reglas y contexto cuando cambian las fuentes.
Si una pieza necesita validación médica, técnica o regulatoria, esa decisión no puede quedar implícita en un intercambio de mails o en una respuesta del modelo.
El flujo tiene que mostrar qué versión está pendiente, quién la revisó y qué información cambió antes de publicar.
La eficiencia aparece también cuando nadie necesita reconstruir esa historia después.
Works · Caso SAI
En SAI se implementó un flujo de carga donde Ingeniería completa una plantilla bilingüe y la aprobación queda visible celda por celda antes de que la información llegue a la ficha pública.
El contenido se carga primero en privado, se revisa sobre la página real y recién después se publica.
Ese circuito sigue operando y demuestra una parte central del servicio: hacer visible el estado de la información y el punto de validación.
La IA puede incorporarse a tareas asistidas dentro de un flujo de este tipo, pero no se presenta aquí como responsable de la aprobación ni como evidencia de producción autónoma.



Sobre documentación aprobada, sí, siempre como borrador. El contenido médico lo aporta y lo valida el equipo médico de la empresa.
No pasan la revisión. Eficacia, comparaciones y absolutos sin respaldo vuelven al borrador con la fuente que falta.
Con instrucciones que heredan la voz y el vocabulario de la marca, y formatos por tipo de pieza. Lo que la revisión corrige vuelve a las instrucciones.
Como primera versión, sí. La traducción técnica la revisa alguien que conozca el vocabulario del rubro en ese idioma.
Un buen punto de partida es una tarea frecuente, con fuentes conocidas y una aprobación claramente identificable.