El rótulo de un dispositivo médico sale de fábrica con un código QR. Quien lo escanea espera abrir el instructivo de ese producto. Meses después, alguien reorganiza la carpeta de documentos del sitio y le cambia el nombre al PDF. La etiqueta sigue apuntando a la dirección de antes, y esa etiqueta ya no se puede corregir: está pegada en cajas que viajan a hospitales y depósitos de distribuidores.
Para un fabricante, la dirección de un instructivo se piensa antes de que empiece a circular fuera del sitio, como parte de la vida del documento.
La dirección pública y el archivo son dos cosas
Un PDF cambia de carpeta, suma una revisión en el nombre o se reemplaza por una versión nueva. Pasa también cuando la empresa cambia de plataforma o de proveedor web, que en el rubro ocurre cada tantos años. Si el QR lleva la ruta exacta del archivo, cada uno de esos movimientos deja sin destino a los rótulos que ya se imprimieron.
La salida es darle a cada instructivo una dirección propia y estable, que no termine en .pdf, y poner detrás el archivo que corresponde. El documento puede moverse dentro del sitio; la dirección que conoce el QR no cambia.
Tampoco hace falta una redirección por cada documento. Con una regla que resuelva todas las direcciones de instructivos alcanza, y cuando entra uno nuevo, entra con la misma forma. Así lo armamos en SAI, fabricante y distribuidor ortopédico argentino: una sola regla para la carpeta de instructivos.
Cómo se prueba un enlace que va a vivir fuera de la web
Una dirección que va a un rótulo se prueba como la va a abrir quien escanee el código: con la dirección exacta que va al QR y desde un navegador sin sesión iniciada, que es como ve el sitio cualquier persona que no trabaja en la empresa. Lo que entrega se compara con el PDF original.
En SAI, la primera etapa fueron nueve instructivos. El 3 de septiembre de 2026, las nueve direcciones respondieron y entregaron el mismo archivo que su PDF directo.
Las direcciones que ya están en circulación conviene tenerlas anotadas en un inventario. Ninguna aparece en el menú, y por eso nadie las ve cuando se revisa el sitio. Cuando una migración cambia carpetas o reglas, la prueba se repite sobre esa lista.
Qué tiene que aparecer al abrirla
Lo mínimo es el documento correcto. Pero la misma dirección puede, más adelante, mostrar una página con el nombre del dispositivo, la identificación del instructivo y un botón al PDF, sin cambiar lo que ya está impreso. Esa es la ventaja de que el QR apunte a una dirección propia y no al archivo: lo que hay detrás puede crecer.
En un catálogo donde los instructivos están relacionados con las fichas de producto, el número de registro sanitario sirve para unir las dos cosas, porque es el dato que figura en el rótulo y en el instructivo a la vez. En SAI, el buscador del sitio encuentra un producto por ese número desde septiembre de 2026.

Una dirección estable no elige la revisión
Hay una pregunta que aparece en cuanto se habla de instructivos electrónicos: si el QR de una unidad fabricada hace dos años tiene que abrir el instructivo de ese momento o el vigente. La dirección estable no la responde. Para mostrar una revisión según la fecha de fabricación hacen falta los datos de cada versión y un recorrido pensado para eso, y la decisión de qué versión corresponde es de la empresa.
Lo que sí resuelve es lo previo: que el punto de entrada exista y siga existiendo. Sobre esa base se puede construir lo demás.
Mientras haya rótulos con esos códigos en circulación, cada cambio que venga en el sitio tiene que respetar esas direcciones, incluido el próximo rediseño.
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