Una instrumentadora quiere confirmar la medida de un tornillo antes de una cirugía programada. En el sitio del fabricante encuentra el nombre del sistema en un menú de especialidades. Las medidas están en un catálogo en PDF de cuarenta páginas; los códigos de cada referencia, en una tabla al final de otro archivo. El instructivo de uso vive en un subdominio que no enlaza con ninguno de los dos. Al final le escribe al representante, que tiene todo guardado en su computadora.
Con variaciones, esa escena se repitió en buena parte de los sitios que relevamos en agosto de 2026.
Cómo se hizo el relevamiento
Abrimos 65 sitios de fabricantes y distribuidores: 15 de Europa occidental y central, 18 de España y Portugal, 18 de México y Colombia y 14 de Argentina, Chile y Uruguay. La mayoría trabaja en ortopedia y trauma, columna, artroscopía, implantes dentales, oftalmología o instrumental quirúrgico. El relevamiento se cerró el 19 de agosto de 2026.
En cada sitio miramos dónde vive el producto, qué datos tiene su página, cómo se relaciona con su documentación, cómo se filtra el catálogo, qué cubren los idiomas y quién puede entrar a qué. Para ordenar lo que veíamos usamos una grilla de 23 variables que mide la distancia entre la complejidad del portfolio de cada empresa y la estructura digital que lo sostiene. La estética y la velocidad quedaron afuera a propósito.
El relevamiento tiene límites. Se hizo sobre la navegación pública, y algunas empresas pueden tener catálogos más completos detrás de un acceso para profesionales o de un buscador que no exploramos. Los conteos de productos son estimaciones a partir de lo que se veía. Los nombres de las empresas no se publican.
Lo que no encontramos
No encontramos uno que integrara ficha, especificaciones, código y documentación en un mismo lugar navegable. Cuando la información técnica existía, estaba repartida: el nombre en el menú del catálogo, las medidas en un PDF, el instructivo en un portal aparte que no conversaba con el catálogo.
Tampoco encontramos un filtro que permitiera cruzar región anatómica, procedimiento y familia de producto. En el mejor de los casos había un árbol de menú fijo, que deja afuera al cirujano que llega desde una fractura o un abordaje.

Lo que sí apareció, una y otra vez
La documentación técnica, cuando tenía una sección propia, era una lista de descargas: archivos en orden de carga, sin buscador y sin relación con los productos que describen. En instructivos electrónicos, de los 15 fabricantes europeos, 6 tenían un portal de instructivos identificable, y entre los que no lo mostraban había fabricantes de columna y de implantes.
La educación médica estaba mejor resuelta que el catálogo. Doce de los quince fabricantes europeos tenían alguna forma de academia, cursos o eventos. El curso de una técnica tenía su página; el sistema que se usa en esa técnica, muchas veces, no tenía ficha.
La cantidad de idiomas no decía nada sobre la estructura. Encontramos un fabricante con siete idiomas sobre un catálogo sin fichas y otro con presencia en varios mercados y solo dos idiomas. En el primero, la traducción había llegado antes que la arquitectura.
El acceso para profesionales de la salud aparecía en pocos sitios. Donde estaba, solía ser un aviso de texto antes de entrar a una sección, sin control de acceso detrás. El material para el cirujano, para el distribuidor y para el paciente compartía el mismo espacio.
En España, Portugal y América Latina apareció algo que en el grupo europeo no vimos: distribuidores cuya sección de productos era una lista de enlaces a los sitios de las marcas que representan. Quien buscaba un producto en el sitio del distribuidor terminaba en el del fabricante extranjero, y la consulta seguía allá.
Varias plataformas tampoco daban abasto: constructores genéricos con cientos de referencias, tiendas en línea para productos que no se venden con carrito.
Por qué se llega ahí
Ninguno de estos sitios parece el resultado de una mala decisión. Se armaron cuando la empresa tenía menos productos y vendía en menos países, y después cada área fue publicando lo suyo donde podía: Ingeniería en el catálogo en PDF, calidad en el portal de instructivos, formación en la página de cursos. El sitio sumó partes, y nadie volvió a dibujar cómo se relacionan entre sí.
Lo integrado se puede construir
SAI, fabricante y distribuidor ortopédico argentino, quedó fuera de los 65 porque es nuestro cliente. En su sitio, cada uno de los cerca de 270 productos tiene una ficha que reúne sus datos, sus códigos y sus documentos, y el catálogo se recorre por cinco ejes que se combinan: área de interés, región anatómica, tipo de producto, procedimiento y marca.

Las mismas preguntas, sobre el propio sitio
Las preguntas del relevamiento sirven para mirar el sitio propio. Si cada producto tiene una página o vive dentro de un PDF. Si esa página tiene el código y los documentos que le corresponden. Si el catálogo se filtra o solo se recorre por un menú. Si la versión en otro idioma cubre el catálogo o solo las páginas institucionales. Si alguien del equipo puede cargar una referencia nueva sin pedírsela a un programador.
Las señales que se ven desde adentro, cuando el sitio dejó de acompañar al catálogo, están en Señales de que el sitio quedó chico.
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